3 Historia de Google
3.5 La salida a bolsa
Larry y Sergey habían aplazado al máximo la salida de Google a bolsa, pero ya se les estaba echando encima la fecha límite de finales de abril de 2004. Las ventajas de seguir siendo una empresa que no cotizaba en bolsa eran enormes y no les gustaba nada perderlas.
Además, sus rivales Microsoft y Yahoo! iban a darse cuenta de lo rentable que había llegado a ser Google y a enterarse de muchos detalles relativos al alcance de sus operaciones. No obstante, la legislación federal norteamericana exigía la declaración pública de los resultados financieros de las empresas con cierta cantidad de activos y accionistas, y Google había sobrepasado esos límites. La salida a bolsa era la máxima aspiración de la mayoría de los empresarios de Silicón Valley, la ocasión de recibir elogios y medir su propio valor al estilo americano: en dólares. Brin y Page, sin embargo, eran diferentes: les encantaban la intimidad y la libertad, y habían disfrutado, mientras analistas y competidores subestimaban la capacidad de la empresa. Dado que Google no había contraído deudas, sino que se autofinanciaba y tenía mucho dinero disponible, no necesitaban vender acciones públicamente para recaudar dinero. La única ventaja que le veían a la salida a bolsa era que les proporcionara más recursos para crecer y llevar a la práctica su idea de Google.
En los anales de Wall Street no figuraba ninguna empresa que hubiera logrado hacer una salida a bolsa de miles de millones de dólares, tal y como Larry y Sergey querían, pero eso a ellos no les preocupaba. Acostumbrados como estaban a soñar y a hacer las cosas a las que nadie se atrevía, estaban decididos a abrir una nueva ruta con su salida a bolsa. Desde el punto de vista de Wall Street, resultaba rara una empresa como Google, potente, presuntuosa y lo suficientemente conocida como para intentar imponer sus propias normas para salir a bolsa. Era más frecuente que, para efectuar esta operación, las empresas necesitaran orientaciones, apoyo, asesoramiento y un método ya contrastado de hacer que los inversores les escucharan. Por este tipo de relaciones y servicios los asesores de Wall Street, deberían salir del dinero recaudado en la salida a bolsa, antes que de las arcas de la empresa.
Sin embargo, en la declaración de oferta financiera de la CMV, Google había diseñado un método totalmente diferente de distribución pública de acciones, que le parecía más igualitario en el sentido de que cualquiera podía participar, lo que invertiría la tendencia de Wall Street a la depreciación. El procedimiento consistía en una versión de alta tecnología de la subasta holandesa, así llamada por la forma en la que se fijan los precios de venta de los tulipanes de Holanda.
Del mismo modo que Google vendía anuncios a partir de una subasta automática permanente, fijaría el precio de venta de sus acciones a partir de las pujas que recibiera online de los inversores potenciales. Todo aquel que concurriera a un precio igual o superior al fijado por la empresa, recibiría las acciones. Los que lo hicieran por debajo, no. El procedimiento de compra de acciones era el mismo tanto para los grandes como para los pequeños inversores. Sin favoritismos, sin distribución de acciones para familiares y amigos, sin acuerdos a la sombra. En la subasta podrían participar incluso novatos, con poco dinero para invertir y generalmente ignorados por Wall Street, a condición de que compraran un mínimo de cinco acciones. Larry y Sergey rehusaron nombrar presidente del consejo de administración durante el proceso de salida a bolsa para dejar vacante el puesto. Algo insólito para los estándares de Wall Street, pero era otro mecanismo con el que Brin y Page pretendían conservar el control sobre la empresa. El consejero delegado, Eric Schmidt, haría las veces de presidente del comité ejecutivo del consejo, con facultades para representar a la organización en los •ámbitos ceremoniales y legales que surgieran al tratarse de una empresa que cotizaría en bolsa. Brin y Page seguirían como copresidentes y accionistas mayoritarios. Y ambos, con Schmidt cerca, dirigirían juntos Google.
Los copresidentes de Google querían demostrar que su empresa tenía personalidad, que era una compañía y un lugar de trabajo diferente. Así que, mientras la mayoría de las empresas presentaban su documentación para la salida a bolsa con una información financiera y legal anodina, ellos querían llamar la atención con una carta inusual sobre la cultura de la empresa y su visión del mundo.
En dicha carta, Brin y Page insistían en que procurarían hacer como empresa cotizada las mismas cosas que Google había hecho antes con tanto Éxito. Titularon su carta manual del propietario de acciones de Google. En ella expusieron su proyecto de que Google lanzara dos clases de acciones: acciones de clase A para inversores externos (a razón de un voto por acción), y acciones de clase B para ellos (a razón de diez votos por acción), con lo que mantenían un control absoluto. Esa estructura dual haría imposible que alguien adquiriera la empresa sin su aprobación, disuadiría a los inversores públicos de cualquier veleidad de influir en la gestión y a ellos les facilitara gestionar la empresa sin interferencias. Los notables resultados financieros de Google, sacados a la luz en la documentación remitida para su salida a bolsa, dejaron atónitos a analistas, competidores e inversores. El veloz motor de búsqueda tenía tendencia a generar beneficios. En el primer semestre de 2004, las ventas de la empresa alcanzaron los 1.400 millones de dólares, con unos beneficios de 143 millones de dólares; en el mismo periodo del año anterior, las ventas habían ascendido a 560 millones de dólares y los beneficios a 58 millones. Si los resultados financieros revelados por la empresa no hubieran sido tan extraordinarios, las palabras de Brin y Page no habrían tenido tampoco el mismo valor. Pero en un mundo donde la gente escucha más al rico y poderoso que al pobre y débil, los resultados financieros reforzaban los argumentos de los fundadores de Google. La empresa había esperado hasta el ˙último momento para darse a conocer y, en ese tiempo, había construido una máquina de ganar dinero que ocupaba titulares en todo el mundo y abría el apetito de los inversores.
Cuando finalmente, el 19 de agosto de 2004, Google lanzó sus primeras acciones a 85 dólares en el mercado NASDAQ bajo el símbolo de GOOG, los 19,6 millones de acciones iniciales no pudieron entrar en juego a las 9:30, hora de apertura del mercado, porque la demanda superaba a la oferta a causa de un número relativamente escaso de acciones en oferta. Las operaciones dieron comienzo al mediodía y las acciones subieron de 15,01 a 100,01 dólares. La oferta aumento a 1.670 millones de dólares y dio a la empresa un valor inicial de mercado de 23.000 millones de dólares. De repente, Google tenía un valor bursátil superior al de muchas otras empresas más anti- guas y consolidadas.
La salida a bolsa de Google había marcado un hito en las relaciones entre Silicon Valley y Wall Street. Larry y Sergey habían efectuado una de las salidas más fuertes de la historia, conservando el control de todo el proceso y ganándose el respeto de los directivos de las grandes empresas que llevaban largo tiempo en Wall Street.
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